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EL ORADOR Y SU AUDITORIO

Fácil es predecir que habrá un verdadero triunfo, si hay una relación cordial entre orador y auditorio,, como la que con frecuencia se va entre arista y espectador. El comunicador vierte su caudal de cultura sobre el auditorio que lo admira. El artista vierte su caudal artístico sobre su público que lo aplaude. La diferencia entre orador y artista está en que mientras el artista divierte, el orador instruye. Dice un autor que hay un gran desacierto al dedicar muchas horas para preparar un discurso y no preocuparse por el auditorio.

El orador consciente de su papel, despierta en el auditorio un interés acerca del tema que tratará; algunas veces desconocido, pero trascendental por su importancia; procura examinar antes de iniciar, el nivel cultural de su público para adaptar su estilo. Cuida que su mensaje sea nítido, veraz y sus complicaciones; si llegara a descubrir que para la mayoría el tema es novedoso o totalmente desconocido, su léxico debe ser distinto, llenándolo de anécdotas, comparaciones, hipotiposis en los conceptos oscuros que aclaran la idea; si ha detectado que en el ambiente hay errores y prejuicios, antes tendrá que desbaratar infundíos; lo cual implica una preparación completa y esmerada hasta agotar recursos para conocer totalmente el asunto, a fin de tener a la mano los argumentos firmes para rebatir las posibles objeciones que pudieran argüir sus adversarios.

Cuando el comunicador tenga que presentar una tesis, el discurso servirá para confirmar su teoría. Si el objetivo es calmar los ánimos excitados en un ambiente hostil entre partidos divergentes, hay conflictos intergremiales o el tema es de opiniones disparadas, el asunto se complica, entonces el orador tendrá que ser neutral.

Cuando tenga que entrar en contacto con el auditorio, llegado el momento de contestar preguntas, el orador deberá estar dispuesto a responder de la mejor manera y no perder de vista que el público lo considera autoridad en la materia y por lo mismo exige de él amplia cultura y erudición completa.

Hablar de comunicación de altura implica saber escoger el tema; una vez que el expositor ha escogido el tema deberá elaborar un esquema en el que fije los distintos puntos que piensa desarrollar. Nada tan práctico, de consecuencias laudables y aconsejables a todo aquel que se dedique al arte de la comunicación y desee obtener buenos resultados que elaborar un esquema.

Un esquema es una guía que ayuda mucho a centrar ideas y seguir un camino seguro para no perderse; es una rúa que conduce al objetivo propuesto sin equivocación.

El tema debe responder a las interrogaciones que y como o pensar que y pensar como; pues el que es el asunto o idea que piensa desarrollar en la disertación; el como es el camino que llevara el asunto, es el proceso en el desarrollo. Si el que es un asunto nuevo, el expositor ha de presentar la novedad con expresiones que indiquen lo novedoso del tema. La novedad envuelta en frases de misterio suele causar mayor impresión y atrae la atención. Si la exposición a que se refiere el tema es discutible, el expositor habrá de proponer las tendencias divergentes, aduciendo pruebas en apoyo de la opinión que defiende. Si hay prejuicios acerca del tema, es preferible, como dice el dicho, “tomar al toro por los cuernos”, es decir, cuando el comunicador tiene la seguridad de que podrá desbaratar infundios.

Hay temas que por su estructura ofrecen grados de dificultad y en su enunciación requiere un determinado modo de exponerse; por la manera de presentarse se adivina cual es la postura del expositor. Es importante que el expositor cuide de no apartare de la ruta y conservar siempre la línea, pues una desviación puede hacerlo rodar.

Una de las cualidades del orador es su estilo; lo que se dijo al hablar de los estilos en general, tratándose del orador tiene su aplicación especial.

Se han elaborado diversas definiciones del estilo, lo que quiere decir que hay diferentes maneras de concebir la idea. Existen distintos modos de expresar palabras y por lo mismo, otros estilos, y esto es cierto, pues comparados el estilo de escribir de Miguel de Unamuno se notará que es muy distinto al de Octavio Paz; así como no se puede confundir el estilo de León Felipe con el de Pablo Neruda.

Los estilos de los oradores también son diferentes. El grado académico del comunicador, el auditorio, el tema y el grado de cultura del auditorio determinan su estilo. Entre los estilos de los oradores se pueden enumerar los siguientes: telegráfico, lacónico, concreto, romántico y poético.

Indudablemente existen diversos modelos de discursos, exposiciones, disertaciones o conferencias; fueron famosas las conferencias del P. Lacordaire en la Catedral de Nuestra Señora de París, donde lo más ganado de la sociedad parisina se daba cita.